23 Mar Terapia Breve Estratégica y ansiedad
Hay quien te dirá que la ansiedad y la depresión son síntomas de debilidad, pero yo creo que es justamente lo contrario.
Normalmente, quien sufre estos trastornos es alguien que ha estado sometido a una fuerte carga o presión, y su mente lo ha “invitado” a reorganizar su vida y sus prioridades, obligándole, muchas veces, a parar y a elegirse a sí mismo antes que a los demás. Desde esta perspectiva, el síntoma no es un enemigo a eliminar sin más, sino un intento —aunque doloroso— de adaptación a la situación.
Para salir de esta situación, en la que nuestra mente parece ir en dirección contraria a lo que nos hace sentir cómodos y seguros, la Terapia Breve Estratégica, técnica que uso en mi consulta como coach especializada en temas de ansiedad y fobias, propone un enfoque diferente. No se centra tanto en entender el origen profundo del problema, sino en comprender qué lo mantiene en el presente. Es decir, pone el foco en los patrones que repetimos —pensamientos, conductas, evitaciones— que, sin darnos cuenta, alimentan la ansiedad o la tristeza.
Muchas veces, lo que hacemos para intentar sentirnos mejor (evitar, controlar, anticipar, buscar seguridad constantemente…) acaba reforzando el problema. A esto se le llama “soluciones intentadas disfuncionales”. Desde un punto de vista teórico, este modelo —influido por el constructivismo y la teoría de sistemas— entiende que cambiando estas soluciones intentadas, cambia también la experiencia emocional.
Por eso, con la Terapia Breve trabajamos, por ejemplo, la ansiedad desde la lógica no ordinaria. ¿Qué significa esto? Que en lugar de luchar contra el miedo o evitarlo, conducimos a nuestra mente, de forma deliberada y controlada, hacia aquello que nos lo provoca. Creamos así un tipo de “cortocircuito” mental que, contrariamente a lo que podría parecer, hace que la angustia vaya disminuyendo de forma progresiva pero constante.
Sí, sé que estás pensando que suena raro, pero créeme: cuando dejamos de huir y empezamos a relacionarnos de otra manera con el miedo, algo cambia profundamente. Uno de estos ejercicios terapéuticos se conoce como “la peor fantasía”: consiste en dedicar un tiempo concreto a imaginar voluntariamente aquello que más tememos. Paradójicamente, al provocar el miedo de forma intencionada, dejamos de sufrirlo de manera incontrolada. Para quienes han vivido crisis de ansiedad, acaba convirtiéndose en “la mejor” de sus fantasías.
A nivel más teórico, este tipo de intervenciones se basan en principios como la prescripción del síntoma y el uso estratégico de la paradoja. El terapeuta no intenta eliminar directamente el problema, sino modificar la relación que la persona tiene con él, generando nuevas experiencias emocionales correctivas. Es un enfoque activo, práctico y orientado al cambio, donde cada tarea tiene una intención precisa dentro de una estrategia global.
Si lo has sufrido o lo estás sufriendo, reconoce la fuerza y el valor que hay dentro de ti para salir adelante cada día, incluso cuando el miedo convive contigo o la tristeza acompaña muchos de tus pensamientos. No es fácil sostener eso, y aun así lo estás haciendo.
Estate dispuesto/a a poner de tu parte para que cada día sea un poco mejor que el anterior. No tengas prisa: los pasos que das despacio, pero de forma consciente, son mucho más sólidos que intentar correr para solucionarlo todo en dos días. El cambio real no suele ser inmediato, pero sí posible y duradero cuando se construye paso a paso.
Piensa cuál es tu situación deseada y proponte hacer cada día un pequeño gesto que te acerque a ella. Y sí, habrá días en los que parecerá que retrocedes, pero no es así: son oportunidades para observar, ajustar y aprender. Si un día caes, no pasa nada. Levántate y sigue. Ahora ya sabes un poco mejor dónde no poner el pie para no volver a tropezar.